El móvil ¿a la derecha o a la izquierda del plato?

mesa Navidad

Ya llevamos un tiempo con las mal llamadas “nuevas tecnologías” (porque ya no son tan nuevas…) formando parte de nuestra vida cotidiana, sin embargo seguimos adaptándonos a su omnipresencia y parece que les otorgamos vida propia cuando en realidad los que mandamos somos nosotros, o así debería ser.

Es una nueva forma de comunicarnos que estamos aprendiendo, pero no todo el mundo lleva la misma velocidad en el aprendizaje y uso y eso se nota. Es como si tuviéramos que pasar por distintas fases hasta llegar a un equilibrio.

Todos vivimos diariamente situaciones en las que el uso del teléfono móvil dificulta la comunicación digamos “analógica”, y no me refiero a la típica situación que se suele poner de ejemplo de que al viajar en el metro (autobús, tren…) todo el mundo va mirando su teléfono, porque cuando no lo llevábamos también iba cada uno a lo suyo (leyendo el periódico, un libro, escuchando música, absorto en sus pensamientos…) y no establecíamos conversaciones sin parar con toda persona que se cruzara en nuestro camino, me refiero a ese momento en el que estamos hablando con alguien y de pronto suena un pitido en su bolsillo y nos abandona abruptamente para atender a cualquiera que sea el motivo del pitido, un chiste de un grupo de WhatsApp, un email, un aviso de una app, una actualización de Facebook… Generalmente, algo que fácilmente podría esperar a otro momento para ser atendido. Y ahí nos sentimos mal, sentimos que pasamos a un segundo plano, que no le interesamos a esa persona y nos dan ganas de despedirnos y salir de allí, o mejor, salir sin despedirnos, y claro, no siempre podemos hacerlo. Esa situación nos hace reflexionar acerca de cómo se sienten la persona o personas que están con nosotros cuando es nuestro teléfono el que pita y nos apresuramos a mirarlo casi instantáneamente, por no hablar de cuando lo miramos sistemáticamente sin que suene mientras alguien está conversando con nosotros…

Que nuestra conectividad con el mundo sea ahora mucho mayor que antes, no puede privarnos de la riqueza del contacto personal con quien tenemos a nuestro lado.

En estas fechas de tantas reuniones con amigos y familiares y haciendo referencia a la jocosa pregunta de ¿dónde ponemos el teléfono móvil a la derecha o a la izquierda del plato? cada uno elige qué es lo que quiere hacer y cómo se quiere relacionar, yo nunca me he sentado a la mesa con un libro y me he puesto a leer, ni me he llevado un cuaderno y me he puesto a escribir ignorando el mundo que me rodea, y sin embargo, si he compartido mesa con personas que se han enfrascado en su móvil y nos han ignorado al resto.

Sirva este artículo de pequeña reflexión para poder tomar el mando y decidir atender a lo que queramos atender, responder a los estímulos que decidamos y ser capaces de crear el ambiente que nos gusta.

Personalmente, ni a la derecha ni a la izquierda del plato, el teléfono estará fuera del comedor.

Gemma Gavieiro

Psicóloga / Psicoterapeuta

Tengo miedo ¿qué hago?

TengomiedoSentir miedo ante ciertas situaciones es normal. Es un mecanismo que le ha servido al ser humano para sobrevivir y evolucionar hasta como es ahora.

Si se presenta una situación de peligro y tememos que nos pueda pasar algo, se activan los mecanismos cerebrales necesarios como para provocar una emoción hará que evitemos acercarnos hacia el elemento elicitador del peligro.

Pero, ¿qué pasa cuando no lo vemos?

Cuando el peligro está latente, cuando pensamos que puede sucedernos algo en cualquier momento; en que ningún lugar es seguro; que no sabemos cómo y dónde acontecerá, etc. tal y como sucede después de un atentado terrorista de la magnitud del 13N en París, el 11M en Madrid o el 11S en USA, no nos sentimos seguros en ningún sitio, pensamos que no podemos hacer absolutamente nada y la sensación de impotencia e inseguridad se hace mucho más fuerte alimentando todavía más el miedo.

Pero sí que podemos hacer algo, podemos recuperar nuestras rutinas diarias, salir a la calle a pasear, a trabajar, a estudiar, a lo que sea que hagamos normalmente.

Y nada de eludir el viajar en metro o ir a acontecimientos deportivos o discotecas, a no ser que las autoridades lo aconsejen expresamente.

Debemos evitar difundir o hacer caso a las informaciones que aparezcan en las redes sociales que no vengan de fuentes oficiales, esto no hace más que incrementar el pánico en la población en general.

A medida que vayamos viviendo con normalidad, nos iremos dando cuenta de que no ha pasado nada, y así una y otra vez, porque lo normal es que no pase nada y poco a poco iremos recuperando la tranquilidad y se irá de nuestra mente ese miedo a lo indefinido.

Pero si evitas hacer todo lo que haces normalmente y piensas que sobrevives gracias a que lo estás evitando, tardaras mucho tiempo en vencer al miedo.

No obstante, las reacciones ante el mismo hecho son muy variadas, si piensas que tú solo no puedes con ello, busca ayuda, cualquier profesional de la psicología te podrá dar la orientación necesaria acorde a tus características y circunstancias personales.

José Luis Ahedo

Orientador

¿Nos duelen más unas víctimas que otras?

IMG-20151116-WA0005

Objetivamente podemos decir que no hay diferencias entre el sufrimiento que supone la muerte, independientemente del lugar en el que se produzca. Da lo mismo que estemos hablando de Siria, con muertes de personal civil como “daños colaterales” (deleznable eufemismo), que de París, con muertes provocadas por una causa incomprensible. En todos los casos son muertes provocadas por otros seres humanos y eso a las víctimas les produce un dolor aún mayor que si se tratara de un accidente natural, como pueda ser un terremoto, un maremoto, un volcán, etc.

Entonces, ¿por qué hemos reaccionado de esta manera a los atentado de París y no ante lo que sucede en Beirut?

Por una cuestión de vulnerabilidad y de conciencia de lo efímero de nuestra existencia.Cuando nos enteramos de que alguien ha muerto, nuestra mente comienza a fabricar argumentos en favor de que a nosotros no nos va a pasar. Por ejemplo, si las muertes se producen en Siria, diríamos: “no vivo en Siria”, “no voy a ir allí jamás”, “a mi esto no me va a tocar”. Una vez que ya tenemos la justificación y como son cuestiones dolorosas y molestas, las apartamos de nuestra mente enseguida. Y si a esto le sumamos que en los informativos estas noticias ocupan 30 segundos, el resultado es que no se producen estos actos multitudinarios de solidaridad, quedándonos en nuestra ilusoria zona de confort.

Ahora bien, cuando nos toca de cerca, como ha pasado en París, ahí sí que vemos que nos podría haber pasado a nosotros, que incluso conocemos a alguien que vive en París. En ese momento cuando vemos la muerte de cerca, y nos asustamos, tomamos conciencia de que somos vulnerables y de que podemos morir en cualquier momento. Además las noticias son continuas, con lo que es muy difícil que nos lo quitemos de la cabeza. De ahí viene la necesidad de hacer algo, de reaccionar, y lo hacemos de la mejor forma que podemos, prestando nuestro apoyo y solidaridad.

En definitiva, el sufrimiento es el mismo, lo que cambia es nuestra propia percepción.

José Luis Ahedo

Orientador

París 13N

248435-604-604Ayer nos acostábamos con las primeras noticias de un atentado en París, al principio eran confusas, pero todo apuntaba a una serie de atentados terroristas simultáneos que habían dejado un reguero de muerte y destrucción.

Toda la ciudad se puso en alerta, se decretó el estado de alarma y tuvo que ser necesaria la intervención del ejército.

La población francesa y también la europea sintió pena, rabia y también miedo, que es el fin que persigue el terrorismo, generar el miedo en la población para, a través de este miedo conseguir otros fines.

En estos casos debemos, más que nunca, usar la cabeza y no dejarnos llevar por el pánico, cuanto antes demostremos a los terroristas que seguiremos haciendo lo que hacemos todos los días, antes se darán cuenta de que no van a conseguir nada.

Y no quiero decir con esto que las autoridades, o incluso a nivel particular no se tomen precauciones, pero siempre encaminadas a proporcionarnos bienestar, huyendo de venganzas viscerales dirigidas a quien es diferente. Dejemos a las instituciones que apliquen la ley y la justicia y nosotros demostremos que no tenemos miedo, que seguiremos yendo a conciertos, a pasear, a viajar, etc.

Pero no quisiera dejar de dirigirme también a las personas que han sufrido la tragedia de una forma más directa.

Toda muerte es dolorosa, deja un vacío imposible de llenar, mucho más si se produce de manera inesperada y repentina. Se pasa de estar con alguien a quien quieres, haciendo cualquier actividad normal del día a no tenerle, unos minutos antes estaba y ahora ya no.

Y cuesta, cuesta mucho asimilarlo, creérselo.

Pero todavía se hace más dolorosa, por incomprensible, el hecho de que la muerte la haya producido otro ser humano buscando no se sabe muy bien qué.

Lo que ha sucedido en París, todavía sobrepasa lo que se ha relatado en las líneas anteriores, puesto que se ha producido un asesinato en masa, creando numerosas víctimas entre personas normales, como tú y como yo.

El caos emocional que viven los familiares es inmenso, al principio no sabes nada, solo que tu hijo o tu hija están por la zona en la que se ha producido la masacre, después empiezas a intuir que algo le ha pasado, no contesta al teléfono, pero es tanta la confusión, que nadie te puede dar explicaciones. Cada vez el nerviosismo es mayor, si bien albergas la esperanza de que haya sobrevivido, de camino hacia el lugar de la barbarie pones la radio, sigues llamando por teléfono y nada. La desesperación aumenta, incluso cuando llegas no te dejan pasar porque la zona está acordonada, también el nerviosismo y la rabia se nota entre los policías, bomberos y sanitarios.

Todos buscamos un por qué, pero no lo encontramos, no existe, solo existe el que, la incertidumbre, el caos, la impotencia, la rabia, y al final, la muerte.

Te han indicado a donde ir, y allí estaba su nombre, en una lista, una lista que te ha facilitado alguien que ni tan siquiera te ha podido mirar a lo ojos, porque sabe que no hay consuelo.

No te lo crees y quieres verlo con tus propios ojos, pero eso tarda en llegar, finalmente, horas después te dejan verla y ahí se acaban todas tus esperanzas, solo te queda el vacío y el dolor.

Tardarás mucho tiempo en recuperar tu vida, y el vacío nunca se llenará.

Si algo pudiéramos decirte es que sientas, que no guardes tu pena, que intentes hacer una vida lo más normal posible en cuanto te veas con fuerzas, que te apoyes en tus amigos y seres queridos y que no descartes la ayuda profesional.

No te engañes, no podremos hacer nada por eliminar tu dolor, pero quizá podremos hacer algo para que puedas llevar una vida lo más normal posible a pesar de todo.

Nuestro cariño y solidaridad con todas las víctimas.

José Luis Ahedo

Orientador

Las trampas del cerebro

EstudiarSí, el cerebro nos pone trampas que a veces nos impiden llegar a conseguir los objetivos que nos hemos propuesto.

El cerebro está diseñado para ayudar al ser humano a sobrevivir y para proporcionarle placer.

Cuando detecta que el ser humano se encuentra en peligro o en una situación que suponga sufrimiento, malestar, incomodidad, etc, hace todo lo posible para sacar a la persona de esa situación.

El problema se presenta en el momento en el que estamos haciendo una actividad, que hemos elegido hacer, o que no tenemos más remedio que realizar, y esta actividad no nos gusta, entonces el cerebro interpreta que hay que salir de esa situación lo antes posible.

Por ejemplo, has elegido estudiar una carrera universitaria, por el motivo que sea, bien sea por aprender, por ascender, por encontrar un buen trabajo, etc. Y esa elección conlleva un “sufrimiento”, como puede ser estudiar (otro día hablaré de los exámenes y del deporte).

Si cada vez que nos ponemos a estudiar, lo hacemos con desgana; pensando que es un rollo; que vaya asignatura más mala; que el libro está mal escrito y es una mierda; que los apuntes que he cogido no valen para nada; o cualquier otra cosa que vaya en la misma línea, nuestro cerebro interpreta que nos encontramos ante una situación, cuando menos displacentera, y hará todo lo posible para sacarnos de ahí. Lo ha estado haciendo durante milenios y hasta ahora le ha ido bien.

Y para sacarnos de esa situación, utilizará todo lo que esté en su mano y nos pondrá trampas como: dolor de cabeza, contracturas, dispersión mental, buscar un entretenimiento, bajar nuestra autoestima, gastritis, taquicardias, nervios o ansiedad.

Ahora bien, ¿cómo evitamos esto?

Se evita empleando un tiempo, previo al comienzo de cada jornada de estudio, a mentalizarse de que lo que vamos a hacer nos gusta, nos proporciona mucho placer, o que nos gusta aprender. Intentando siempre que los mensajes que nos autoenviamos vayan en clave positiva, es decir, evitar frases que lleven un NO.

Las rutinas antes de empezar a estudiar (poner los libros en la mesa de estudio, acomodar la luz, colocar los bolígrafos, coger agua) también ayudan, ya que estarán indicando a nuestro cerebro que es lo que vamos a hacer y de esta manera se irá preparando y no le pillará por sorpresa. Es algo similar al calentamiento en el deporte.

En definitiva, si le indicas a tu cerebro que no va a sufrir, no te pondrá trampas.

Ten en cuenta que cada persona es diferente y con motivaciones diferentes, acudir a una consulta de psicología te puede ayudar a identificarlas y a abordar el estudio de una forma eficiente.

José Luis Ahedo

Orientador

Rossi – Márquez ¿cuestión de psicología?

Hoy es noticia, hemos visto el incidente que se ha producido en el  Gran Premio de Malasia entre Rossi y Márquez, en una acción, en la que, según dirección de carrera, Rossi ha lanzado un patada a Márquez y a consecuencia de ésta, Márquez ha caído al suelo, teniendo que abandonar la carrera.


No es el objetivo de este artículo cuestionar la decisión de la dirección de carrera, ni tampoco opinar sobre si la sanción ha sido o no injusta. Lo que sí es un hecho incuestionable es que ha habido una sanción que puede hacer que Rossi no gane el campeonato del mundo y la pregunta es, ¿cómo es posible que una persona con su experiencia haya realizado una acción así?.

No es la única persona del mundo del deporte que ha tenido una reacción de este tipo, ha perdido los nervios y ha cometido un error que le puede suponer una pérdida mayor que lo que podría haber conseguido de no hacerlo.

Los deportistas deben tener la suficiente capacidad como para canalizar toda la tensión en la práctica del deporte, ateniéndose a las reglas. La presión que puedan llegar a sentir hay que transformarla en motivación y ésta, en rendimiento positivo, de tal manera que la mente está totalmente concentrada en la tarea, la reglas del juego y que no dé lugar a que se tomen decisiones erróneas que se conviertan en comportamientos sancionables.

Al igual que Rossi ha decidido hacer ese gesto antideportivo, podría haber decidido poner toda su experiencia, capacidad y buen hacer en conseguir dejar atrás a Márquez ateniéndose a las reglas.

Para ello el entorno es fundamental, y en éste no debería faltar nunca la figura de una persona experta en Psicología.  La Psicología podría haber ayudado a Rossi a obtener el mayor rendimiento de sus extraordinarias cualidades, pero desgraciadamente esto no ha sucedido.

En el Marca Digital del día 14/10/15 en una entrevista realizada Ángel Charte, máximo responsable a nivel médico del campeonato GP, éste manifestaba que “Si un piloto viene al psicólogo y otros lo ven, para ellos es débil”.

Realmente es muy preocupante que esto se vea así y esperemos que un futuro, la psicología esté presente en todos los deportes, al igual que la medicina o la fisioterapia.

José Luis Ahedo

Orientador

La muerte, una asignatura pendiente.

La muerte, asignatura pendiente.

La muerte es parte de la vida, no se puede concebir la vida sin la muerte ni la muerte sin la vida, entonces, ¿por qué nos cuesta tanto asumir que todos los seres humanos tenemos derecho a decidir sobre la forma en la que queremos acabar nuestros días?

Puede ser por una cuestión, cultural, social o personal, pero de lo que no cabe duda, es que parece que nos vemos obligados a vivir sea como sea.

¿Por qué tengo que vivir en cualquier circunstancia o situación? ¿Para que tú, que me sobrevives, te quedes más tranquilo? ¿Para que tu conciencia te diga que has hecho todo lo posible y que has sido muy buena persona al intentarlo?

Es el otro el que se encuentra en el último trayecto de su vida, así que permite que sea él quien decida cómo quiere que sea.Te quedarás sin su compañía y le echarás de menos, tú serás quién note su ausencia, pero siendo generoso en el respeto de sus decisiones le ayudas más que imponiendo las tuyas. Habla con la persona enferma, respeta su buen o mal humor, respeta sus emociones, respeta sus sentimientos, y sobre todo, respeta su decisión sobre cómo quiere morir.

Ante la dificultad de atravesar esos momentos no dudes en pedir ayuda y si es preciso, acude a un profesional de la Psicología que te sirva de apoyo en esa etapa difícil.

José Luis Ahedo

Orientador

Bebés adultos – Esto no es normal

Vivir-bebe_MDSIMA20121213_0131_5El sábado día 19 de octubre, en el programa Un Tiempo Nuevo, de Cuatro, nos ofrecieron una retransmisión de unas personas, en este caso hombres de más de treinta años, que se comportaban como bebés. Se ponían pañales, tenían un chupete en la boca, tomaban biberón, pecho, no controlaban los esfínteres, les bañaban, etc.

En el mismo programa aseguraban que hacían eso porque así se sentían bien, que fuera de ese contexto llevaban una vida normal.

Había una persona, una mujer, que hacía realidad su sueño o sus ansias de convertirse en bebés por unas horas.

Lo más preocupante de ello fue que lo presentaban como algo normal, natural y relajante.

A mi me sonó a montaje publicitario de una persona que se dedicaba a hacer cosas raras, supongo que con el paso del tiempo volveremos a tener más noticias de tipo “extraño”, protagonizadas por las misma personas, pero bueno, esto es especular.

Lo que no es especular, es que este es un problema serio, que existe y que debe ser tratado por las personas profesionales de la Psicología o la Psiquiatría, que nadie piense que es un comportamiento sano y que hay que hacer lo mismo que se veía en el reportaje.

No me parece adecuado que se diga que es relajante, vamos, como si todas las personas que tienen tensión o estrés, lo mejor que podrian hacer es ponerse unos pañales y cagarse encima, pues no, no es eso lo que hay que hacer.

Hay multitud de técnicas de relajación y muchos los psicólogos que sabemos perfectamente cómo enseñar estas técnicas, adaptando a cada persona lo que ésta necesita, pero dentro de una normalidad, sin necesidad de intentar ese tipo de soluciones estrambóticas, en las que parece que todo vale.

Las personas que acuden a esas prácticas tienen más que resolver que eliminar el estrés y deberían acudir a profesionales cualificados que traten el problema en profundidad.

En definitiva, no nos dejemos engañar, lo que se vio en el reportaje es un problema psicológico y debe ser tratado como tal, en ningún caso, como se vio en el programa.

 José Luis Ahedo

Orientador

Pruebas de personalidad a los pilotos.

 

Los psicólogos estamos en boca de todos, en relación a la tragedia del Airbus, y después de que la información aportada por el fiscal de Marsella apunta a que el copiloto de la aeronave ha provocado de forma voluntaria el accidente, la opinión pública se plantea si la actuación de los psicólogos encargados de la evaluación de los pilotos ha sido la adecuada.

AL photo AL_zpsurtokvva.jpgNo voy a entrar en si los tests y las pruebas practicas son las idóneas o no, quiero comentar algo más simple.

En una de las noticias se escuchaba era que en las academias de formación de los pilotos se les decía cuales tenían que ser las respuestas a las preguntas, de tal manera que contestaban lo necesario para pasar la prueba.

No sé si en este caso será verdad o no, pero lo que sí es verdad es que las oposiciones a la Policía Autonómica del País Vasco se tuvo que cambiar el examen de personalidad que se estaba utilizando porque se encontraron con que casi todos los aspirantes daban el mismo perfil.

No se puede permitir que las personas que preparamos a los aspirantes les digamos lo que tienen que contestar, esto no quiere decir que no se ayude a preparar una prueba, pero de ahí a decirles las respuestas va un abismo.

Y además de nuestra responsabilidad personal, está la de los Colegios Profesionales, que deberían velar porque estas situaciones no se dieran.

En cualquier caso, es una tragedia que nos ha tocado a todos la fibra, primero por las personas, y después por su magnitud y por la especificidad de las causas.

José Luis Ahedo

Orientador

Tragedia del Airbus 320

 

Fiscal photo descarga_zpsvihoz3c0.jpgEs imposible sustraerse al desconsuelo y rabia que supone conocer que el accidente del Airbus A320 ha sido provocado de manera intencionada por una persona en la que todos confiaban.

Aparte de eso, lo que hemos visto hoy, el día en el que se ha producido la declaración del Fiscal de Marsella, Brice Rovin, es la importancia que tiene gestionar la información de forma adecuada.

Si bien todo apunta a que esta declaración ha sido provocada por una filtración sobre el contenido de la caja negra del avión, no lo es menos que una vez sabido, las autoridades francesas, y en concreto el Brice Rovin, han gestionado la información de una forma impecable.

Antes de la rueda de prensa, ha transmitido lo que sabía a las familias de los afectados, de tal manera que no se han tenido que enterar por los medios de comunicación ni por las redes sociales, como sí ha ocurrido en el caso de los familiares que se han quedado en España, los cuales se han enterado cuando lo han visto en la TV.

Después ha explicado de forma clara lo que había sucedido, sin dar pie a ambigüedades ni especulaciones.

Cuando sucede un hecho de estas características, las personas cercanas a las víctimas tienen la necesidad de saber lo que ha pasado, por eso es necesario decir la verdad, pero de un forma que no cause más sufrimiento de lo debido.

La ocultación de datos que ya están contrastados y la falta de transparencia lo único que hacen es alimentar las sospechas y pensar que hay algún interés oculto para no querer contar la realidad, por lo tanto, hay que informar puntualmente desde el principio.

Ahora bien, no hay que dar información que no haya sido verificada.

“Las dudas son más crueles que la peor de las verdades”. Moliere

José Luis Ahedo

Orientador

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

CERRAR